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El fútbol profesional en terapia intensiva

La tragedia que el mundo vive no ha hecho sino evidenciar la fragilidad de la especie humana, afectando las sólidas economías de las principales potencias, a lo cual la actividad deportiva no es ajena, especialmente al fútbol como el deporte más popular y generador extraordinario de recursos, cuyos organismos que lo regentan cuentan con mejor salud financiera que muchísimos pequeños Estados y sus directivos se precian de ser más influyentes que reconocidos líderes mundiales.

 

Las más poderosas ligas de fútbol profesional y sus principales clubes ya dan cuenta de problemas para cumplir con sus nóminas llenas de estrellas, llegando al extremo de como si se tratara de deudores comunes, ponen a la venta sus bienes (léase jugadores) para paliar la crisis, por la falta de actividad que aleja a sus patrocinadores y a los tan vilipendiados aficionados que ahora si son necesarios. Sin embargo de ello se da por descontado que esas organizaciones se recuperarán con rapidez una vez que retorne la normalidad, gracias a su solidez institucional y a las sociedades donde se desenvuelven, sumadas a la acumulada ansiedad de los aficionados que para las primeras jornadas de los torneos regulares llenarán los estadios.

 

En el caso nuestro que deberíamos esperar? Conocido es que la LIGAPRO no resultó ser la panacea milagrosa que muchos esperaban como bote salvavidas para clubes en agonía. Ya el gremio de jugadores profesionales anunció su negativa a una rebaja de sueldos, poniendo ahora si de rodillas a sus equipos que de no reanudarse el torneo en al menos un par de meses, para el tercero con seguridad habrán algunos que no tendrán dirigentes, los que por el momento solo piensan en los suyos.

 

En este contexto es discusión histórica en nuestro país, a falta de una legislación clara y precisa sobre los jugadores profesionales de fútbol, la situación contractual de estos, puesto que son públicos los escándalos por reclamos posteriores de jugadores extrañados que han amenazado incluso con embargar estadios para cobrar sus deudas, lo que lleva a pensar que no se dispone de un modelo contractual único para todos los clubes, porque inexplicablemente el equipo más conocido vive demandado, no así otros equipos que parece manejan de forma más adecuada su situación jurídica.

 

El fútbol siendo una actividad que vive de sus ingresos por patrocinios y taquillas, de que podría sobrevivir con una para de tres meses, con clubes que no cuentan con un patrimonio que les permita salvar estas crisis, hablando solamente de las carísimas nóminas de jugadores, sin contar con el personal auxiliar y administrativo que son nada al lado de estos. En España han hallado la solución invocando el Estatuto del Trabajador, que para nuestro caso sería el Código del Trabajo, que permite que los contratos sean suspendidos mientras dura la crisis sin que ello signifique que sean terminados, reconociendo sus beneficios como por ejemplo la seguridad social, dejando prácticamente a que el Estado se haga cargo de ellos mediante el pago del denominado “paro”, lo que no es mucho pero sirve para los que menos ganan.

 

En el Ecuador habrá que buscar soluciones urgentes si la situación se extiende por tres meses o más, sino preparémonos a retornar con un torneo de clubes sobrevivientes, que esperemos alcance para un cuadrangular.

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